Viñetas desde o Atlántico 2008

La última edición de la feria internacional del cómic celebrada en Coruña ha empezado esta semana y ayer tuve la oportunidad de pasarme, como casi todos los años, por las casetas de venta y visitar una de las múltiples exposiciones.


Si el año pasado hablaba de crecimiento, de la posibilidad de convertir a la feria en un evento de renombre, ahora toca hablar de estancamiento, o peor aún, caída. Por lo menos en el número de casetas de venta, que han quedado relegadas a una estrecha calle del parque de los Cantones, casi como ocultas. No obstante, siguen adornando la arquitectura de la ciudad figuras emblemáticas del cómic, convertidas en tosco cartón piedra, uno de los pocos indicios de que estamos en verano (no, el tiempo no acompaña).

En cuanto a las exposiciones, me ha encantado especialmente la de Arrugas, con comentarios del autor (en curioso formato post-it), sobre los bocetos, apuntes y fragmentos de guión expuestos. Es una pena que Paco Roca no haya podido asistir en persona, me hubiera gustado conseguir una firma suya para lo que es uno de los mejores cómics que he leído nunca. Totalmente recomendado.

Por último, me he hecho con un ejemplar de El Eternauta (libro estrella de esta edición de Viñetas desde o Atlántico), aprovechando el jugoso descuento que ofrecen las casetas durante la feria. Llamadme ignorante pero no conocía esta obra maestra de la ciencia-ficción argentina de los años 50, y por lo poco que he leído, está resultando de lo más interesante.

Programando a bajo nivel

Con motivo del seminario de sistemas empotrados que recibí como parte de mi preparación de doctorado he tenido la oportunidad de iniciarme en la programación de la Game Boy Advance. Y creo que por primera vez he empezado a entender por qué hay gente a la que le encanta trabajar a tan bajo nivel.

En general, me gusta programar en alto nivel, centrarme en el problema que quiero resolver sin preocuparme por los entresijos de la máquina, delegar en el compilador o en el intérprete todos esos pequeños y complicados detalles de implementación asociados al hardware. A fin de cuentas, en eso consiste la abstracción, uno de los pilares básicos del diseño de software.

El lado negativo de esta filosofía es que, como programador, pierdo el control sobre cómo funcionan aspectos de tu programa. Yo decido el flujo general de la aplicación, pero debo confiar parte de su funcionamiento básico a la implementación que han realizado otras personas de librerías, APIs y funciones del sistema operativo. Y mientras esa llamada al sistema, esa función, esa librería, etc funciona como yo espero que funcione, las cosas van bien; cuando no lo hacen, es cuando tengo que romperme la cabeza para saber qué está pasando.

No ocurre lo mismo al programar en bajo nivel, es decir, programar cerca del lenguaje que hablan las máquinas. Aquí tengo prácticamente control total sobre el comportamiento del hardware, y mi único límite es el propio hardware en sí. Le digo a la GBA que quiero un píxel de color rosa en la esquina superior izquierda de la pantalla, y la GBA obedece. Es una sensación de poder que no había experimentado hasta ahora con ninguna máquina.

Trabajar a este nivel no es en absoluto sencillo. Primero, exige conocer con bastante minuciosidad cómo es la máquina para la que vas a programar; esto supone leer y entender bastante documentación. Por último, resulta a veces un engorro, porque tienes que saber muy bien qué es lo que estás haciendo, porque las cosas más sencillas cuestan más de lo esperado, porque al problema que quieres resolver se le suman los pequeños problemas y limitaciones del hardware.

Pero todas estas dificultades tienen su recompensa. Al final, te sientes casi como un ser todopoderoso que se pasea tranquilamente por la circuitería activando un registro aquí o allá, moviendo bits de un lado para otro, exprimiendo el potencial puro que te ofrece la máquina. Está a tu total disposición, y el resultado final sólo depende de tu habilidad.

En Tron los programadores eran considerados dioses dentro del mundo binario en el que se desarrolla la película. Hacia el final, el propio Tron, el programa que da nombre al filme, recibe un mensaje directo del programador, que en el mundo real no hace más que teclear órdenes en la línea de comandos de un ordenador. Mientras en el mundo binario, un fuerte haz de luz rodea a Tron, que recibe las órdenes de una voz como divina, y recoge un disco de datos que desciende lentamente desde el cielo. Mira tú por dónde no es una metáfora tan descabellada.

EDITO: Cambio la foto de Tron, que la han borrado.
EDITO: Elimino definitivamente la foto. Se ve que con el estreno próximo del nuevo Tron, andan pesaditos... :P

Zelda y los cambios de estética

En Revogamers se ha montado un curioso debate en torno a una noticia que tiene toda la pinta de ser completamente falsa, pero que es bastante sintomática de cómo están las cosas en torno a la joya de la corona de Nintendo, The Legend of Zelda. Cuando faltan apenas unos días para el E3, sale a la palestra esta supuesta entrevista a Aonuma, actual director de la saga, en la que se nos anuncia un cambio radical en el devenir de la serie.


Como poco, este hipotético Zelda apostaría por una estética steampunk, retrofuturista, un ambiente oscuro en el que transcurriría la historia de un héroe atormentado por su propia psique. Atrás queda el Hyrule de verdes praderas y blancos castillos; la tierra marrón y yerma y el humo de las máquinas de vapor serían las constantes de este Hyrule atrapado por la revolución industrial.

No he leído toda la entrevista porque prefiero que, de ser verdad, sea Nintendo quien me sorprenda en el E3 (sí, me gusta sonreír como un tonto bobalicón mientras los estudios de desarrollo descargan toda su fuerza mercadotécnica en esa feria venida a menos —llamadme iluso). Pero he estado ojeando los comentarios tanto a favor como en contra de este, mientras no se diga lo contrario, controvertido what-if.

¿Qué queréis que os diga? A mí me gusta. Sí, me parece, que la saga necesita un cambio de rumbo. Y os lo dice alguien que a jugado a tres o cuatro títulos con el membrete The Legend of Zelda. Me parecería bien que Aonuma pusiese toda la carne en el asador: hasta aquí todo el pescado vendido, chicos, se acabaron los tiempos felices de las maripositas, y los trajes verdes, y las flores que bailan, etc etc; os traigo la desolación, la caída de un reino ahogado por su tecnología, os traigo un héroe ambiguo, una historia sin buenos ni malos... Algo verdaderamente profundo, digno de contar. Algo... vale, vale, de momento no son más que sueños.

No sería Zelda la única saga que en un momento dado ha decidido dar el paso y cambiar de estilo, ambientación o de protagonistas. Hay un precedente bastante reciente con Jak & Daxter, que pasó de un estilo amable, preciosista y familiar (infantil si queréis) a una estética radicalmente diferente en Jak II, similar a la que plantea este nuevo supuesto Zelda: un entorno yermo y corrupto, una ciudad oscura e inhóspita gobernada por un tirano con mano (y cabeza) de hierro, y un Jak, el protagonista, más violento gracias a sus adquiridos poderes de eco oscuro —y mucho más hablador, aunque tuviera pocas cosas interesantes que contar—. Esta renovación propició un cambio más profundo en la jugabilidad: bebiendo de las fuentes de GTA III, implementó con mayor o menor acierto un entorno sandbox por el que hacer pulular al jugador, cumpliendo misiones aquí y allá.

Cabe decir que todos esos cambios no fueron en absoluto de mi agrado, y tuvo que ser Jak III el que hiciera que recuperara mi esperanza en esta saga (aunque enviaran la historia de los precursores a hacer gárgaras —al menos sabemos el porqué de la transformación de Daxter). Da igual, el juego fue un éxito, y alimentó la tendencia por aquella época de que los juegos para adultos tenían que poner a tipos duros a los mandos del jugador. En realidad, los más creciditos no necesitamos ninguna de estas parafernalias para sentirnos mayores, pero a los adolescentes les chiflan. Ainsss....

En fin, creo que los cambios, pese a que revienten a más de un fan, son necesarios para mantener la buena salud de una saga, siempre que sean llevados con inteligencia. Para jugar a más de lo mismo, ya tenemos los emuladores, la consola virtual, el XBLA y el Megaman 3, quiero decir, 9.

In English, please

Vaya por delante que aplaudo los esfuerzos de traducción que realizan algunas empresas y la comunidad de software libre cuando publican software en varios idiomas y, especialmente, en castellano. Pero creo que traducir algunos programas específicos no merece la pena; es más, puede ser contraproducente.

No me refiero a programas de uso común, sino a software especializado. Por ejemplo, como programador utilizo IDEs tanto en casa como en el trabajo, esto es, programas que me facilitan el desarrollo de software. Ya sea Eclipse o Visual Studio, ambos los tengo instalados en inglés. Cuando me apetece dar rienda suelta a mi humilde vena artística y creo un modelo en 3D o una textura, utilizo programas como 3d Studio Max o Photoshop, también en inglés.


No se trata de que tenga especial querencia por el inglés, pero la realidad es que la mayor parte de la documentación en Internet está en inglés: tutoriales, artículos, foros, etc. Si tengo que buscar información sobre determinada funcionalidad de una de las herramientas que utilizo, lo más probable es que la encuentre (cuando la encuentro, claro) referida a la herramienta en inglés. Por otra parte, si quiero escribir un tutorial y quiero obtener la máxima repercusión posible (es decir, que sea útil para el mayor número de gente) lo recomendable sería hacerlo en inglés refiriéndome a la herramienta en inglés.

Entiendo el punto de vista de las empresas y personas que trabajan desarrollando este tipo de herramientas. Su intención, al traducir o apoyar traducciones de su software, es hacer llegar su producto al mayor número de personas; pero el resultado final puede ser contraproducente, dando lugar generando comunidades de usuarios disgregadas en distintos idiomas. Por ejemplo, el esfuerzo que pone Microsoft en traducir la documentación de .NET es, a mi parecer, perjudicial y excesivamente tentador para todo aquel que quiera entrar en el desarrollo bajo esta plataforma. Es aún peor cuando la traducción es incompleta o incorrecta, o cambia el software por alguna suerte de adaptación difícil de entender —especialmente sangrante es el caso de Photoshop, cuya versión en español contiene el menú de filtros en distinto orden que la versión original.

El inglés es el vehículo de comunicación entre los desarrolladores y usuarios de herramientas (artistas, diseñadores, programadores, etc). Es, hoy en día, el lenguaje común con el que podemos entendernos todos. Saber inglés es muy importante, pero este artículo no es una llamada para que os apuntéis a cursos de inglés ni nada por el estilo, es tan solo una sugerencia para aquellos de vosotros que usáis a menudo herramientas de desarrollo o diseño para que hagáis el esfuerzo de utilizarlas en la lengua en la que han sido concebidas y para la que más documentación podéis encontrar ahí fuera.

¿Qué imagen damos los jugadores de nuestra afición?

Muchas veces cuando llamaba a mi hijo, podía oír de fondo el ruido de un [video]juego, lo que implicaba poca concentración en nuestra conversación, pues la mayor parte iba dirigida hacia la partida, que según parece no podía ser interrumpida. Me respondía con frases cortas y evasivas.
Este pequeño extracto es una declaración recogida en el genial artículo The Myth of the Media Myth, de la revista The Escapist, pero creo que representa de forma genérica la sensación que experimentan muchos padres cuando tienen que tratar con sus hijos sentados frente al televisor jugando a un videojuego. Tampoco es muy diferente de la respuesta que daría una novia, un amigo o un pariente si tuvieran que hablar de un novio, amigo o conocido aficionado a los videojuegos.

El artículo de Brenda Brathwaite toca este tema de forma un poco lateral, quizás porque se centra principalmente en intentar explicar por qué hay gente que odia los videojuegos, y es un asunto que tiene tela ya de por sí. Yo, por mi parte, me pregunto: «¿Qué imagen damos los jugadores de nuestra afición?»

Precisamente, al leer la declaración de esa madre desencantada de los videojuegos, recordé que justo ayer, antes de cenar, estaba jugando un rato al Mario Galaxy cuando llegó mi padre del trabajo, se acercó adonde estaba y me saludó, pero yo ni siquiera lo miré. No paré la partida para devolverle el saludo, tan solo dije un «hola» de compromiso mientras seguía enfrascado (casi abducido) por los alegres saltos de Mario. Ahora me pongo a pensar sobre ello y no puedo evitar cierto sentimiento de culpabilidad.

Además, ¿con qué idea se queda mi padre de los videojuegos? El cliché del jugador encerrado en una habitación oscura babeando ante una pantalla parpadeante de un televisor de tubo, aunque evoca una imagen jocosa, podría estar más cerca de nosotros de lo que pensamos. Si la gente que nos quiere nos ve realmente así, y así se lo hacemos ver nosotros a ellos (conscientemente o no), no es de extrañar que intenten protegernos de los videojuegos.


Si los aficionados, al hablar de videojuegos, dicen que es un vicio, que si un juego es muy bueno entonces es viciante, y cuando están jugando hablan de viciarse, aunque todo ello no sea más que una jerga, en parte están alimentando los oscuros prejuicios que mucha gente guarda sobre el entretenimiento digital. Por otra parte, jugar es algo que todavía no está bien visto fuera del ámbito infantil, aunque parece que las cosas poco a poco van cambiando.

Somos todos culpables de que jugar sea una actividad considerada infantil, alienante o incluso peligrosa. Pero no debemos esperar a que los demás hagan algo para intentar cambiar la situación, o que toda la gente recelosa de los videojuegos termine muriéndose. Cada uno de nosotros, si aprecia su afición, debería esforzarse por valorizarla. Parar la partida para hablar con tu padre ya sería algo.

Ni tiempo para perder el tiempo

A veces tengo la impresión de que el tiempo se me escurre de entre los dedos. Últimamente, esa sensación se ha repetido más de un día. Entre compromisos aquí y allá, he acabado ocupando mi tiempo libre de tal manera que llamarlo «libre» sería sólo por así decirlo.

Curiosamente, reflexionaba sobre esto cuando me topé con un artículo que hablaba precisamente de cómo aprovechamos hoy en día nuestro tiempo de ocio. De nuevo, decir que me topé con él es otra forma de hablar, en realidad formaba parte de uno de los ejercicios del examen FCE, otro de esos tantos compromisos.

Aún así el texto estaba bastante bien. No recuerdo su autor, pero dado que se trataba de un ejercicio de examen bien podría ser ficticio. El artículo comenzaba hablando del poco tiempo libre que dispone la gente en el mundo occidental, abrumada por sus numerosos compromisos.

A continuación, el autor se remontaba a diez o veinte años atrás, cuando se preveía que la automatización nos conduciría en la época que ahora vivimos a la era del ocio, donde pasaríamos la mayor parte del tiempo sin trabajar (las máquinas se encargarían de las tareas más duras). Como bien apuntaba el autor aquí, lo que nadie pudo prever es que el propio mercado se encargaría de buscar la forma de rellenar ese tiempo, manteniendo así la coyuntura consumista que nos rodea.

En la sociedad actual se considera el no hacer nada como una pérdida de tiempo. Por eso, buscamos constantemente formas de rellenar nuestro tiempo de ocio. Aprovechamos casi cualquier momento en que no tenemos nada que hacer para hacer algo, lo que sea: escuchar un podcast mientras se da un paseo, ver una serie en el mp4 mientras se espera en una consulta, escribir para el blog mientras se viaja en tren, etc.

Huimos del hastío y el aburrimiento como si fueran la peste. Cargamos nuestra agenda con actividades que apenas llegamos a cumplir. Intentamos ser productivos en todo momento. No hay tiempo para pensar, es hora de actuar. Tenemos tantas cosas por hacer que, al final, terminamos por no hacer nada. Miramos el reloj con temor, nunca nos llega el tiempo a nada.

Metidos en esta locura, arañamos minutos de descanso de donde podemos e inevitablemente acabamos cayendo en la procrastinación. Cuando queremos darnos cuenta, hemos perdido tanto tiempo haciendo lo que no teníamos que hacer que apenas podemos terminar lo que sí teníamos que haber hecho. Lo peor es que nos sentimos culpables por ser incapaces de dar la talla.

Arrastramos nuestros cansados cuerpos tras un largo día de trabajo a nuestros hogares, buscando el alivio del sofá o de la cama. Pero cuando llegamos a casa, nuestras tareas no han terminado: debería aprovechar y leer el correo, tengo que preparar la cena, aún me queda dos capítulos de la última temporada de Lost por ver, a ver qué dicen en el foro, tengo que planchar la ropa, ... Al final, robamos horas a nuestro sueño para intentar cumplir con todos nuestros quehaceres, y ni así.

El autor del artículo terminaba hablando de cómo este way of life moderno puede acabar perjudicando las relaciones interpersonales. La amistad es una relación que hay que cuidar, y si no tenemos tiempo para nosotros mismos, tampoco lo tendremos para nuestros amigos. Debemos ser conscientes de esto y aprender a disfrutar mejor de nuestro tiempo de ocio, porque no tenemos otro.

EDITO: Corregido error ortográfico. ¡Gracias, Phyambre!

Galopando por praderas virtuales

¡Ah, los caballos! ¿Quién no ha montado nunca a caballo? Bueno, supongo que la mayoría de nosotros. Pero ahí están los videojuegos para darnos la oportunidad de galopar y galopar. Aunque sea sólo en praderas virtuales, al menos estos cuadrúpedos no huelen mal ni corres el riesgo de romperte la cadera si te caes de su grupa.


En general, los caballos suelen compartir la misma utilidad en todos los videojuegos: ir de A hasta B, pero más rápido. Nos liberan del tedio que suele suponer correr de un lado para otro y proporcionan algo de aire fresco a la mecánica del juego. Algunos videojuegos van más allá y convierten al caballo en algo más que un medio de transporte: en ciertos MMORPG la montura de un jugador es representativa de su status elevado sobre el resto de jugadores, en otros juegos los caballos (o chocobos) permiten llegar a sitios inaccesibles de otra manera.

En el mejor de los casos los juegos cultivan una relación de amistad entre el jugador y su caballo. Es el caso de Zelda: Ocarina of Time, donde Epona sirve de compañía a nuestro héroe Link a lo largo de los solitarios valles de Hyrule. Sin embargo, si nos centramos en el control, Epona no es más que una extensión de Link. En efecto, al subirse a Epona, pasamos de controlar a Link a controlar directamente a su yegua. Allá donde apuntemos, Epona dirigirá sus pasos, de manera un tanto ortopédica, comparado con las animaciones de Link —no olvidemos que estamos hablando de 1998.

Quizás este control me desconcierta un poco porque estoy más acostumbrado a manejar a Agro, el corcel de Shadow of the Colossus. Creo que este es el ejemplo al que deben apuntar los juegos que incluyan monturas en su mecánica. El control de Agro es mucho más natural. Cuando Wanda sube al caballo, el control sigue sobre Wanda, no sobre Agro. Si apuntamos a la derecha, el caballo no se mueve a la derecha, es Wanda quien tira de las riendas para que el caballo gire. Y sólo cuando pulsamos un botón Wanda espolea a Agro para que empiece a cabalgar.

Puede que al principio no resulte intuitivo, pero conforme te vas haciendo al control, te das cuenta que de verdad vas sobre un caballo, sobre un «ser vivo». Un animal obediente, bravo pero también tozudo en ocasiones, que se detendrá antes de que lo lleves al galope hacia el borde de un precipicio. Y es esto lo que consigue crear ese lazo de unión entre el jugador y Agro, mucho más fuerte que el presente en Zelda.

La relación jugador-montura puede dar mucho juego ahora que la tecnología actual es capaz de mover en escenarios inmensos. Es hora ya de que los caballos dejen de estar relegados en los videojuegos a su habitual papel de vehículo animado y se conviertan en algo mucho más vivo.

¿Quieres saber quién te tiene no admitido/eliminado en el MSN? Pues no des tu contraseña a desconocidos

En realidad, aquí debería ir otro artículo, pero creo que por la ocasión merece hablar de esto:

¿Quieres saber quién te tiene no admitido/eliminado en el MSN? Pues no des tu contraseña a desconocidos

Parece mentira que después de tanto tiempo (¡años ya!) del invento de este fraude todavía haya gente que siga cayendo en él. Es muy simple, y seguro que muchos lo conocéis, simplemente se trata de páginas que ofrecen el servicio de mostrarte quién te tiene como no admitido o te ha eliminado del mésenyer a cambio de que les des tu datos de conexión, es decir, tu usuario y contraseña. Creía que este negocio ya estaba más que muerto, pero hoy mismo un par de contactos míos me han saltado con la típica ventanita que me acceda a una de esas páginas para que me lea el futuro.

Como norma general, dar la contraseña de tu correo a alguien que no pertenezca a tu familia ya es un suicidio tecnológico, y en este caso sería como darle la contraseña de tu tarjeta de crédito a una persona desconocida para que te muestre el dinero que tienes. ¿Quieres saber qué es lo que hacen? La mayoría de páginas, después de mostrarte esa información, se conectan a tu cuenta varias veces al día para molestar a todos tus contactos con spam descarado. Lo que es peor, esto puede colapsar tu cuenta y no sería raro que la perdieras para siempre, o al menos que la conexión sea pésima. Así que ya sabes, no des tu contraseña a ningún sitio web, o atente a las consecuencias.

Pero claro, ¡tú quieres saber quién te tiene como no admitido! Sorpresa: esos sitios, además de ser peligrosos, no funcionan. Microsoft cambió hace tiempo el protocolo para que los servidores de msn no difundieran esta información. Antes sí podías, pero ahora mismo ni siquiera puedes saber el estado de otra persona sin que ella te invite/admite o sin saber la contraseña de la cuenta (sin cambiar la configuración de la cuenta). Sin rebuscar demasiado, algunos sitios fraudulentos que siguen esta práctica serían: blockoo.com, scanmessenger.com, detectando.com, quienteadmite.info, checkmessenger.net, blockstatus, etc… Todos ellos son potenciales phishing, y ninguno funciona más allá de recolectar cuentas de correo.

Disculpad los lectores avanzados que ya habéis dejado atrás este tipo de engaños facilones hace mucho tiempo, pero es que hoy me he vuelto a conectar al messenger por obligación y me he dado cuenta de que las cosas han cambiado muy poquito.

En realidad, este artículo pertenece a Genbeta.com, que actualmente sufre un ataque por denegación de servicio supuestamente llevado a cabo por las empresas denunciadas en dicho artículo. Desconozco si las acusaciones realizadas en el artículo son acertadas o no —y en ningún momento las hago mías— pero me ha llamado la atención cómo la blogosfera ha acudido rápidamente a defender a Genbeta, en una iniciativa que se ha difundido como un auténtico meme.

Y yo también me solidarizo con Genbeta, pues este ataque, lejos de quitarles la razón, ha dado más fuerza que nunca a sus argumentos. No entreguéis vuestras contraseñas de correo o mensajería instantánea a ninguna página web, porque ya veis qué clase de gente se puede esconder detrás de esos «negocios».

Información en más detalle en Simfoony.

70 entradas

Dos años cumple hoy este blog, y es hora de mirarse un poco el ombligo. Curiosamente, el año pasado escribí 34 artículos, el mismo número que en 2006. De verdad, no ha sido para nada intencionado. De hecho, mi objetivo era aumentar el número de entradas, pero al final, me he quedado a las puertas.


En este segundo año tampoco se ha batido el récord de comentarios en un artículo, que ahora mismo ostenta el artículo de ¿Y por qué no juegos de mesa?. Esto, señoras y señores, es principalmente culpa de ustedes, así que les exhorto a poner remedio a esta indignante situación de manera fulgurante :D. Fuera bromas, me gustaría que la gente que lee el blog participase más, pero en fin, qué se le va a hacer.

En cuanto a los artículos que más me han gustado, me quedo con «Los manuales deberían desaparecer», aunque no debo olvidar Reflexiones sobre ser un DJ, que me deparó una sorpresilla totalmente inesperada. 23 de abril es, creo yo, el peor artículo del año pasado; es lo que ocurre con los blogs, al igual que sus autores a veces sufren "desviaciones" (llamémoslas así). Por fortuna, estas "desviaciones" no son frecuentes ni permanentes... ¿o sí?

Para terminar, hablaré de «Diseccionando...». «Diseccionando...» pretendía ser una serie de artículos en los que analizaba un videojuego un poco desde el punto de vista del diseño. Pero resulta difícil hablar de una "serie de artículos" cuando sólo hay un artículo en dicha serie. Tengo pensado solucionar esto a corto o medio plazo, pero estoy considerando algunas posibilidades fuera incluso de este blog. Permanezcan sintonizados.

Despidamos esta entrada con un sonoro

¡Feliz cumpleaños, Garthofismos!

EDITO: Ni en el cumpleaños del blog me libro de cometer errores. Corregido uno de los enlaces, gracias por el aviso.

¿Nintendo casual?

2007 ha sido el año de los juegos casual. De repente, la industria ha encontrado un filón y quien más y quien menos se ha apresurado a explotarlo. Por casual, se entiende a ese jugador ocasional, que juega de vez en cuando a juegos sencillos y sin más pretensiones que pasar el rato.

Los juegos casual llevan, en realidad, mucho tiempo con nosotros, pero el año pasado ha habido como una explosión, como si de repente la industria se despertase después de que todo un océano azul le pasase, cual tsunami, totalmente por encima. La cosa había empezado hace dos años, cuando los sismógrafos ya registraban los primeros temblores, aunque sólo unos pocos supieron interpretar sus lecturas. Cuando la enorme onda, con una inquietante forma de W mayúscula, se empezó a avistar en el horizonte, ya era demasiado tarde para recoger los bártulos y correr.


Por supuesto, hablo de Wii, que desde las pasadas navidades habita en el salón de mi casa, proporcionando esparcimiento a los que nos atrevemos a agitar el mando con gesto victorioso (aunque la victoria en realidad no es mía, sino de Nintendo; yo sigo siendo seguero :P).

Si Nintendo tiene colgado el sambenito de infantil, la Wii ha sido tildada de consola casual. No es ningún secreto que la estrategia de Nintendo ha consistido en ir directamente a por el mercado de los jugadores ocasionales, o de los nuevos jugadores que huían asustados de los mandos con más de tres botones. Los principales estudios de desarrollo se encuentran ahora en una difícil tesitura, después de ser arrollados por la gran ola viajan un poco a la deriva: por un lado, sorprendidos por el éxito de Wii, se han lanzado a producir juegos-juguete para alimentar ese mercado potencial; por otro lado, molestos porque los desarrollos para PS3 o Xbox360 difícilmente pueden ser portados a la consola de Nintendo (muy inferior en potencia y completamente diferente en su filosofía). Wii requiere equipos de desarrollo propios y especializados —por cierto, esto en un principio se aleja de la idea de desarrollo barato que vendía Nintendo cuando presentó su consola.

¿Se ha convertido Nintendo en una desarrolladora casual? Bueno, a primera vista, sí. Pero no debemos dejarnos engañar por las apariencias. Wii se vende en Europa y EEUU junto con el Wii Sports, que sirve de carta de presentación de la consola. Wii Sports está considerado como juego casual, pero hay más chicha en él de la que muchos se han parado a mirar.

Porque Wii Sports no es casual. En primer lugar, es un videojuego, no un juguete, aunque carezca prácticamente de un fondo narrativo o no esté a la última en gráficos. Por favor, no intentemos rebajarnos de categoría, o acabaremos pensando que los V-I-D-E-O-J-U-E-G-O-S (con todas sus letras) no pueden llegar a ser un mercado masivo. Y en segundo lugar, yo no lo considero un juego casual, si no accesible.

¿Qué entiendo yo por juego accesible? Pues un juego al que puede jugar todo el mundo. Prácticamente cualquiera puede coger un mando de la Wii y ponerse a dar bandazos con él simulando que golpeas una pelota de tenis. No importa si se ha jugado antes o no, bastan un par de minutos y uno ya se defiende. Y lo mejor, se lo pasa bien.

Pero Wii Sports es algo más que eso. A poco que rascas en su superficie, empiezas a descubrir un juego muy interesante. Me centraré en el tenis (uno de los cinco deportes incluidos en el juego), ya que es el que más me gusta y al que, por ende, más he jugado.

¿Sabíais que se puede dirigir la pelota? Sí, se puede. Un jugador novato será incapaz de hacerlo (salvo que haya nacido con algún don especial): intentará cerrar más el golpe con el objetivo de cruzar la bola y observará cómo ésta traza inevitablemente una trayectoria paralela. Algunas veces le dará tarde a la bola, y como consecuencia está se saldrá fuera. Otras, golpeará demasiado pronto, y entonces sí, un cruzado como la copa de un pino que caerá invariablemente detrás de la línea.

Cuando se juega por primera vez, no se tiene ningún dominio sobre la dirección de la bola. A veces sale hacia un lado, a veces hacia el otro. Por tanto, podría afirmarse que no importa cómo lo haga el jugador, la bola saldrá hacia un lado o hacia el otro de forma aleatoria. Aparentemente Wii Sports rompe de manera flagrante una de las principales normas de diseño de juegos: cada acción tiene un resultado perceptible y esperable.

Pero para un jugador primerizo sin más ambición que pasar un buen rato Wii Sports no consiste en dirigir la pelota hacia algún lado, consiste sencilla en golpearla y esperar que caiga en el otro campo. Y esto ocurrirá prácticamente siempre que el jugador golpee la pelota. A este nivel de juego nuestra norma sigue en pie: la acción es golpear la pelota (sin preocuparse de más detalles) y el resultado perceptible y esperable es que la pelota pase por encima de la red y bote en el otro campo.

Si el jugador sigue practicando, poco a poco se dará cuenta de que no influye tanto el gesto que realice con mando (como ocurre en el tenis de verdad) sino lo que tarda en realizarlo. Entramos aquí en un nuevo nivel de juego, ya no tenemos una única acción (golpear la pelota) sino tres: golpear la pelota antes de que nos sobrepase, cuando esté a nuestra altura o después de que nos sobrepase. Y para cada acción, su correspondiente reacción: enviar la pelota en la misma dirección que nos ha llegado, trazar una paralela o cambiar la dirección de la bola. De hecho, he simplificado el problema, porque desde que la pelota está lo suficientemente cerca para que la podamos golpear hasta que se vuelve inalcanzable existe un amplio rango de posiciones que determinarán diferentes ángulos de salida de la bola, más cerrados o más abiertos.

Dominar la técnica para mandar la pelota adonde uno quiere forma parte de la gracia de este juego y marca la diferencia entre la gente que se lo ha tomado en serio de la que no. Pero la profundidad de Wii Sports no se detiene aquí. El juego avanzado de tenis exige aprender a sacar rápido, dar efectos a la bola y controlar el juego en la red. Sí, Wii Sports es lo suficientemente rico para que hasta los más avezados jugadores puedan exprimirle jugo (si la pintoresca estética de los Miis no les echa para atrás). Digámoslo así, con Wii Sports también puedes ser hardcore.

Realmente, he quedado sorprendido por la profundidad de este juego. Y sólo he hablado de la parte de tenis, uno de los cinco deportes incluidos (el golf promete mucho, también). Por todo ello, me resulta difícil encuadrar Wii Sports dentro del género casual, si entendemos como tal a juegos sencillos y sin demasiadas pretensiones.

No se puede decir que Nintendo se dedique ahora exclusivamente a hacer juegos casual, cuando hace poco que Super Mario Galaxy forma parte del catálogo de Wii y Zelda Twilight Princess fue uno de los títulos estrella a la salida de la consola. Si tomamos Wii Sports como una declaración de las intenciones de Nintendo con Wii, entonces el camino tomado me parece bastante acertado: juegos accesibles y a la vez profundos en su jugabilidad.

EDITO: Agrego un enlace que explica en qué consiste la estrategia de océano azul, para quien no coja todo el sentido del segundo párrafo.

Mi reencuentro con el cómic

No es que lo tuviese abandonado completamente, de hecho, solía ir a las ferias que se celebraban en Coruña siempre que podía; es más bien que quizás no le estaba haciendo todo el caso que se merecía.

Una de mis principales razones para denostar un poco al cómic era que es muy caro para después acabar leyéndolo en pocos minutos. Lo que olvidaba es que no importa tanto el tiempo que lleve leer un cómic como lo profundo que pueda llegar a ser.

Ese buen sabor de boca que te queda cuando has leído una buena novela, esa sensación de haber aprendido durante el camino y de ser ahora mejor persona, todo eso, también es posible leyendo un cómic. Y tengo que agradecer aquí al podcast del Amuleto de Yendor, sin los cuyos autores dudo que jamás me hubiese animado a leer Watchmen.

Watchmen está considerada como la obra cumbre del cómic. Aunque prefiero dejar esta apreciación al arbitrio de los expertos, lo que sí es casi indiscutible es que, estés o no de acuerdo con las ideas que transmite el libro, Watchmen es sencillamente grande.

Recomiendo escuchar el capítulo del podcast de Yendor en el que comentan el libro, pues si han sabido transmitirme tan bien las bondades de la obra de Alan Moore, de tal manera que al terminar el capítulo ya estaba planificando dónde podía hacerme con un ejemplar de Watchmen, es probable que a vosotros también os guste y os anime a leerla (quién sabe).

Mi renovado interés por el cómic me ha conducido finalmente a investigar un poco los secretos de esta forma de arte. Y hete aquí que buscando libros sobre el tema, me recomendaron la lectura de Entender el cómic: el arte invisible —«te abre los ojos», me dijeron—. Y bueno, ciertamente, el libro es todo un viaje de descubrimiento.

Quedará para la posteridad el mérito de Scott McCloud de crear un completo ensayo sobre el cómic utilizando para ello el propio medio, el cómic. Todo un acto de dignificación del n-ésimo arte. Y aunque Scott parece perdido en algunos capítulos a la hora de dar sentido a algunos aspectos de la historieta (como el uso del tiempo como herramienta narrativa), otros son verdaderamente reveladores.

Pues quedan ahí dos libros recomendados para todos aquellos que quieran darle una nueva oportunidad al tebeo. Ahora que las Navidades están casi encima, podéis aprovechar y pedirlos a los Reyes :P

Edge nº17, nº18 y NGamer

Sí, lo sé, me he retrasado y mucho. En fin, a continuación algunos breves comentarios sobre los números de agosto y septiembre de la edición española de Edge. Como extra, le echo un vistazo al primer número de NGamer, que salió en España el mes pasado.

De nuevo, un shooter vuelve a ser protagonista de una portada de Edge. Todo un síntoma de un género en alza desde que empezó la actual generación de consolas. Pero no es Halo todo lo que reluce, y la revista dedica sus primeras páginas al último E3, la antaño feria por excelencia del videojuego, hoy venida a menos.

Si tenemos en cuenta que las novedades más importantes en cuanto a hardware fueron el Scene-it de Microsoft —aunque el calificativo de novedad a unos mandos que son una copia evidente de los de Buzz! le queda demasiado grande— y la báscula Wii Balance Board, lo último de Nintendo para ponernos en forma, podemos entender que ante tal panorama más de un hardcore estuviera tirándose de los pelos.

En cuanto a títulos futuribles, Little Big Planet sigue llamando la atención allá donde va, Pixeljunk Racers muestra un aspecto más que prometedor, Echochrome rompe cualquier norma preconcebida sobre el espacio 3D, habrá un Civilization en cada consola y Wii contará con su correspondiente Mario Kart (con su propio volante-accesorio incluído).

Sobre los reportajes de este número, sé que el de Halo adquiere especial relevancia debido a la salida cercana (por aquel entonces) tercera entrega de la saga, pero yo me he fijado más en el reportaje dedicado al machimina. Como parte de la cultura de los videojuegos, el machimina es en sí una forma de arte accesible a cualquiera con un poco de inspiración y mucha paciencia (a diferencia de la animación tradicional, que exige un mayor grado de trabajo y conocimientos).

Pasemos rápidamente al número 18, con una portada fantástica dedicada a Super Mario Galaxy. Fantástica, como casi siempre, la de la edición inglesa, porque la publicada en España está excesivamente sobrecargada, con letras arriba, abajo y a ambos lados del bigotudo saltarín.

Por lo demás, el número de septiembre no ha sido especialmente salientable, a excepción de los reportajes de las páginas interiores. El dedicado a la última aventura de Mario no lo he leído; ya sé lo suficiente para tenerlo en el punto de mira —¿cuándo podré tener una Wii?— y no necesito saber más.

A toda pastilla hace un repaso de las speedruns, es decir, vídeos en los que se termina un juego en el menor tiempo posible. La página web Speed Demos Archive reúne las mejores, y es un sitio que recomiendo visitar al que tenga algo de tiempo. Personalmente, soy partidario de las speedruns que no utilizan ninguna herramienta externa para acceder a bugs o realizar acciones que serían imposibles de otra manera. Por otra parte, me resulta curioso que la mayor parte de speedruns pertenezcan a juegos bastante antiguos.

Para terminar de hablar de Edge, David Doak ha pasado ha formar parte de la plantilla de columnistas de la revista, en sustitución de Tim Guest. No me ha gustado nada su artículo, pero le daré una nueva oportunidad este mes. Jeff Minter sigue aprovechando su espacio para hablar (una vez más) de su juego. Menos mal que aún nos queda Mr Biffo.

Ahora voy a hablar un poco de NGamer, la nueva revista «independiente» centrada en Nintendo. El panorama kiosquero de revistas de videojuegos necesitaba desesperadamente una revista que satisficiera a los nintenderos más convencidos, algo que estuviese por encima de la infantil Nintendo Acción (¿o Pokémon Acción?). Para ellos, NGamer está hecha a la medida, lo más nintendero que te puedas echar a la cabeza sin perder la dignidad.

La revista plantea un diseño juvenil, salpicado de fotos de gran tamaño y muy poco texto. Está claro que no está orientada al mismo público objetivo que Edge, a pesar de ser las dos de la misma editorial. Los análisis están firmados y las notas van de 0 a 100, con apartados específicos para gráficos, sonido, jugabilidad e innovación.

A destacar el artículo Nintendo te saca los colores, que realiza una pequeña crítica al estado actual de la industria del videojuego. Me gustó tanto uno de los comentarios que lo colgaré aquí, aunque tenga que abusar un poco de mi derecho a cita (espero que no me demanden):
«[...] el juego tipo en el año 2007 es tan simplón, marrón y aburrido a la vista porque la industria, no lo olvidemos, se encuentra todavía en su infancia. Como un adolescente protestón, es muy presumida y arruga la nariz ante cualquier cosa que se parezca de lejos a "cosas de niños" porque está preocupada por cómo la verán los niños mayores.»
NGamer tiene la virtud de dedicar al menos un par de páginas en exclusiva al resto de la industria (a aquello que no es Nintendo). No es mucho, pero es un detalle que se agradece. Con todo, el análisis en este número me ha parecido lo más acertado y objetivo de toda la revista, lejos del espíritu «guay» presente en el resto de sus páginas —afortunadamente para los sufridos aficionados a la gran N, no es el espíritu «chuli» de Nintendo Acción.

Y bueno, poco más que contar de NGamer. Dudo que vuelva a comprar otro número (salvo en algún caso puntual) pero creo que esta revista podría tener éxito entre todos los jóvenes nintenderos desencantados con las publicaciones dedicadas a la compañía japonesa que salían hasta la fecha en nuestro país, y triunfar allí donde Edge ha fracasado.

Por último, no debo olvidar el detalle de que Globus va a sacar un especial llamado Los 100 mejores videojuegos. A la espera quedo de más noticias sobre este especial de casi 9 €, que imagino que estará aquí para Navidad.


~ Addendum ~

Para los que me leéis por el feed, he cambiado el diseño del blog. He escogido una plantilla sencilla y limpia que se adapta al tamaño de la pantalla, con todo lo bueno y malo que eso implica. No es verde (mi color favorito), pero no está mal. Si tenéis algún comentario al respecto, no dudéis en ponerlo :)

Tres batallas por la libertad

Richard Stallman, controvertido padre del proyecto GNU, dijo una vez en una charla a la que tuve el placer de asistir en Coruña hace unos años que la libertad era algo por lo que había que luchar todos los días. Si dejamos de luchar por ella, si no nos mantenemos despiertos ante cualquier ataque, acabaremos perdiéndola.

Hemos conseguido mucho en los últimos años. Para empezar, tenemos una carta de Derechos Humanos, lo que quizás sea uno de los pasos más grandes que haya dado nuestra civilización desde la invención de la imprenta. Ahora sólo falta que todos los países del mundo la reconozcan y la hagan suya también; pero ya en cuanto a derechos y libertades se refiere, el mundo vive uno de los momentos más brillantes de su historia. Eso sí, han hecho falta años de esclavitud, dos guerras mundiales y mucha sangre derramada para estar donde estamos ahora.

Comparado con las grandes batallas del pasado, las luchas que a continuación voy a enumerar parecen asuntos baladíes. Pero como he dicho antes, debemos seguir vigilantes ante cualquier ataque que pueda menoscabar nuestra libertad, y en la era digital, donde Internet se está convirtiendo en una pieza clave del mundo que conocemos, todavía más. Estos son, a mi juicio, los tres frentes de batalla:

Privacidad. La privacidad es un tesoro cada día más difícil de guardar. Mantener la privacidad en la red es casi imposible, lo cual no sería un problema si Internet no fuese ya una parte muy importante de nuestras vidas. Si paso casi la mitad del día conectado a Internet, si lo que hago, digo, pienso o visito está a disposición de cualquier empresa con intereses oscuros, qué quedará entonces de mí al final. Necesito tener un terreno privado en el que refugiarme de vez en cuando de todo el ruido que hay ahí fuera, algo íntimo y personal. Si eres de esos a los que no les importa vivir en público, de los que dicen «a mí me da igual porque yo nunca hago nada malo», párate a pensar por un momento: ¿quién decide lo que está bien y lo que está mal?

Neutralidad de la red. O lo que es lo mismo, una Internet de todos y para todos. Los ataques hacia la neutralidad de la red han estado muy en boga estas últimas semanas. Debemos que impedir que Internet se convierta en la señal de televisión del siglo XXI, donde la única oferta que tienes es la que te proporcionan los proveedores de servicios. El fotomontaje aparecido en Boing Boing (vía Microsiervos) es revelador. Hoy en día puedes montar un servidor en Internet y colgar el contenido que quieras (respetando las ley, claro), y ganarte un grupo de usuarios que te visiten, pero, ¿qué pasaría si los proveedores de acceso decidieran a qué contenido deben tener acceso sus clientes?


Software libre. «El sofware libre es mejor porque es libre», y ya está, no hay más que discutir. El software cerrado impone un control oscuro sobre el ordenador: no sabes lo que hace, ni cómo lo hace, ni por qué lo hace. No tiene mucho sentido que las administraciones públicas, que manejan miles de datos privados y sensibles, utilicen software privativo para su gestión. ¿Están tus datos, almacenados en ordenadores Windows, en buenas manos?

Hay muchas más batallas por la libertad a lo largo y ancho del mundo. Sólo de nosotros depende seguir siendo libres. La lucha continúa.

EDITO: Se me olvidó poner un enlace.

EDITO: Limpieza del blog. Eliminada foto inexistente.

Reflexiones sobre ser un DJ

Desde su posición privilegiada, el DJ contempla, absorto, lo estúpidos que pueden llegar a ser sus jugadores. «Pero es que es tan obvio lo que hay que hacer... ¡Mis jugadores son tontos! Siempre se atascan en chorradas...», piensa con desesperación. Por fuera, el DJ mantiene un semblante tranquilo y sereno. Sabe que no puede mostrar ningún signo de debilidad, porque de hacerlo, los jugadores se lo comerían vivo.

A fin de cuentas, él es el DJ, la persona más poderosa de la partida. En él comienza y acaba todo, es él quien maneja los hilos de un complejo mundo que ha creado durante largas horas de trabajo. Ha construido una epopeya sin parangón para goce y disfrute de sus jugadores. No se trata sólo de pasarlo bien, es su mundo, es su historia, y ¡caray!, merece un respeto. Sin embargo, parece que los taimados jugadores sólo conspiran contra él. En su interior, el DJ, lejos de regocijarse, se llena de ira: «¡Mentecatos!», nunca había utilizado esa palabra, pero su condición de DJ obliga, «¡lleváis media hora en la misma habitación! ¡Empujad la estúpida piedra de una vez!»

Crear un mundo de fantasía es una tarea que tiene mucho mérito. Pero desgraciadamente para un DJ, es sólo la mitad del trabajo. Lo que cuenta al final, es la partida. La hora de la verdad para un DJ llega cuando los jugadores se sientan alrededor de la mesa dispuestos a interpretar su papel en dicho mundo. Es entonces cuando el mundo comienza a existir de verdad, en la mente de todos los jugadores, dentro del maravilloso círculo mágico del juego de rol. Todos los jugadores, y el DJ en parte es un jugador más, recogen el fruto de muchas horas de preparación. Como en todos los juegos, un trabajo bien hecho proporcionará alegría y regocijo a todos los participantes. Por otra parte, un juego mal planteado será aburrido, o peor, frustrante.

No, no soy un DJ experimentado ni he jugado mucho a juegos de rol. Pero desde mi interés hacia el diseño de juegos me apetecía dar una serie de consejos tanto a DJs como a jugadores. Si son acertados o no, mejor que los juzguéis vosotros mismos. Si algún DJ de verdad quiere discutirlos, estaré encantado de escucharlo y aprender. Los comentarios están a disposición de todo aquel que quiera enriquecer este artículo. En fin, tras este pequeño disclaimer, empecemos.

¿Hay alguna regla de oro que dé lugar a una buena partida de rol? Pues no lo sé, pero yo creo que ésta podría ser una buena candidata: El DJ juega con los jugadores. Los jugadores no juegan contra el DJ. Es responsabilidad del DJ crear una experiencia divertida. Jugar al rol va de eso, de jugar. Y jugar consiste en pasarlo bien, a fin de cuentas. El DJ tiene la misión más importante de todas (y la más difícil), que los jugadores se lo pasen bien. Por eso, el DJ se sirve de muchas herramientas: las reglas, los mapas, las figuras, los dados, la historia y el mundo que ha creado. El DJ dirige el juego, no dirige a los jugadores. Los jugadores caminan por un mundo desconocido esperando lo mejor del DJ. Éste crea obstáculos difíciles pero no insalvables, que sean a la vez desafiantes y divertidos.

Creo que, para un DJ, es un mal planteamiento partir de una historia. Cuando eres DJ y creas un mundo o una campaña, es tentador imaginarse una epopeya que los jugadores deberán seguir. Pero a la larga, el resultado es una experiencia de juego excesivamente dirigida, en la que los jugadores no tienen más opciones que seguir la ruta del DJ. Por el contrario, la labor del DJ es crear un mundo abierto y lleno de posibilidades, con un rico trasfondo. El DJ puede permitirse esbozar ligeramente una historia que pudiera hacer de hilo conductor, pero antes debe esperar a ver cómo se comportan los jugadores. Si estos no tiran del hilo, el DJ deberá reinventarse a sí mismo e imaginar nuevos retos y desafíos distintos a los que había planificado. En fin, ¡espera lo inesperado!

Cuando la partida está en marcha, los jugadores viajan por un mundo imaginario que está vivo y funcionando. Los jugadores son el elemento disruptor de dicho mundo, esperan serlo. Quizás, la mejor manera de verlo es la siguiente: los jugadores se mueven activando diferentes eventos que el DJ tiene preparado en su mundo. Tras cada evento, los jugadores habrán cambiado el mundo de una manera perceptible. No se trata sólo de ganar puntos de experiencia, se trata de mostrar a los jugadores que sus acciones tienen una consecuencia visible acorde a lo que han hecho. Esto es, si han salvado a un pueblo de un malvado troll, cuando vuelvan serán recibidos como héroes. En cambio, si han robado en casa de un importante noble, entonces habrá carteles de «se busca» con sus caras a lo largo de todo el condado.

Al acabar la partida, los jugadores se van a sus casas, y el DJ se queda solo. Su trabajo aún no ha terminado, repasará sus notas, estudiará qué es lo que han hecho los jugadores y preparará nuevos eventos para la partida siguiente, siguiendo el camino que han seguido los jugadores por su mundo. Es aquí, y no antes, donde se forjan las grandes historias de una campaña de rol. Puede que el troll que hicieron huir vuelva unos días más tarde con sus compañeros a cobrarse su venganza. O puede que la joya robada esconda una poderosa magia primigenia que había permanecido dormida durante eones...

Tenemos un buen mundo, tenemos un buen DJ. ¿Qué puede fallar? Los jugadores. Una buena partida de rol es también responsabilidad de los jugadores. Éstos deben reconocer el mérito del DJ al construir una fantasía épica para ellos, integrando sus personajes como buenamente puedan dentro del mundo. Rol es interpretación, así que los jugadores deben saber interpretar a sus personajes. No se trata de ser teatrales, se trata de actuar tal como lo harían sus personajes, con la información que deberían conocer sus personajes. De esta forma, los jugadores podrán jugar sin tener que dejar la mesa de juego cada vez que sus personajes se separen, y la experiencia de juego se vuelve más completa.

Por último, jugar a rol es llegar a un acuerdo tácito entre todos los jugadores, incluyendo el DJ. Por tanto, deben respetarse las reglas y la ética de juego debe regir el comportamiento de los jugadores, tanto dentro como fuera del círculo mágico. La relación DJ-jugadores es especial. No se trata de una relación de vasallaje, si no de una relación de respeto. El DJ actúa como director y árbitro, y sus decisiones deben ser respetadas. Esto tiene sus contrapartidas: el poder del DJ es grande, y con ello, su responsabilidad todavía lo es más.

Se pueden dar más consejos, pero creo que la base anda más o menos por aquí. Ser DJ no es una tarea fácil, exige mucho esfuerzo, paciencia y una gran capacidad de improvisación. Pero cuando has sido DJ y ves a tus jugadores recordando con cariño una partida de rol que les preparaste hace años, es entonces cuando sientes que todo el trabajo ha valido la pena. Y eso es bonito :)


EDITO: Cambios menores.
EDITO: Faltaba un artículo en el séptimo párrafo.

«Los manuales deberían desaparecer»

No lo digo yo, lo dice DonDepre, a quien he pillado en el foro de AnaitGames con este discurso:
Los manuales deberían desaparecer. Es algo obsoleto que heredamos de cuando los juegos no tenían cosas como tutoriales o controles y ayudas contextuales. Desde la época de la PSX, si necesitas mirar un trozo de papel para saber como funciona algo, es que tienes un problema de diseño.

Me encanta leer manuales. Ya desde muy pequeño disfrutaba ojeando cada página de casi todo manual que se me ponía por delante. Mis padres, conocedores de mi talento, supieron pronto sacar partido: cada vez que llegaba un nuevo electrodoméstico a mi casa, yo era el encargado de leer el manual y después explicarles el funcionamiento del aparato. Aunque al principio estaba entusiasmado, crecí y acabé dándome cuenta de este pequeño abuso.

Vaya todo esto por delante. Adoro los manuales de videojuegos. No me refiero a los panfletos o trípticos que de vez en cuando que nos cuelan en algunos juegos de PS2. En mi opinión, cuanto más gordo sea un manual, mejor. Y si viene en un solo idioma, mejor que mejor. Disfruto de los manuales que contienen capturas de pantalla a color, mapas, artworks, explicaciones largas y detalladas e historias que no se cuentan durante el juego. A veces miro hasta el capítulo dedicado a cómo se enciende y apaga la consola y, si me sobra tiempo, leo incluso el aviso para epilépticos.


Por eso, la afirmación de DonDepre, en parte, me dolió. Así que me dispuse a rebatirla con todo el ahínco que me fuese posible. Jamás DonDepre volvería a osar pronunciar algo similar después de escuchar mis razonados y bien argumentados argumentos. Pero, a pesar de lo banal que pueda parecer la apreciación y el criterio del miembro de Anait, no tiene fallo.

Si nos referimos únicamente al juego en sí, a los unos y ceros que circulan por los circuitos de silicio de un ordenador, DonDepre tiene razón: un juego debe ser autoexplicativo. Los videojuegos disponen de muchas herramientas para crear una experiencia de entretenimiento sólida y autocontenida —muchas más, desde luego, de las que dispone una tostadora.

Ahí están los tutoriales como primera tentativa, aunque con bastante polémica entre jugadores y diseñadores. También tenemos los tooltips o ayudas en pantalla, mensajes sobreimpresionados que te dicen que debes pulsar arriba para caminar. Y si aún así permaneces demasiado tiempo parado, entonces serán los propios personajes del juego quienes te indicarán que para moverte debes empujar el stick analógico hacia arriba (a esto le llaman romper la cuarta pared, por cierto).

Pero los mejores diseños son los que se abren en abanico: empiezan por darte unas pocas opciones que gradualmente van aumentando conforme se desarrolla la partida. Como glorioso ejemplo (del que ya había hablado anteriormente), Civilization IV, aunque hacia mitad de la partida la cantidad de opciones es tan brutal que los diseñadores han dispuesto convenientemente mecanismos de automatización (para solaz de los "sufridos" jugadores).

DonDepre, pues, está en lo correcto, pero quizás olvida que el videojuego es un producto. Como tal, gran parte de la experiencia que proporciona está en el propio juego (en los unos y los ceros), pero no se limita sólo a eso; también se encuentra en el manual, en el estuche e incluso en la serigrafía del disco.

Y vuelvo a recurrir a Civilization IV, pues pese a ser un juego tan bien pensado a la hora de definir su curva de aprendizaje e, incluso, a pesar de contener en sí mismo la Civilizopedia —un completísimo manual de referencia al que se puede acceder en cualquier momento del juego—; como digo, a pesar de todo eso, la caja contiene un manual generoso y bastante detallado en español, cuyo único defecto (aunque perdonable) es que está en blanco y negro. Este manual merece además una mención especial, pues contiene al final una suerte de postmortem resumido, cortesía de Soren Johnson. Una perla que no todos saben apreciar, pero ojalá todos los manuales tuviesen algo parecido.

En conclusión, si para disfrutar de una característica del juego necesitas el manual, es señal de que el diseño del juego no se ha hecho todo lo bien que se debería. Como experiencia de producto completo, los manuales son una parte importante. Y hay más gente que, como yo, valora muy positivamente esa parte. Probablemente, DonDepre esté en su fuero interno de acuerdo conmigo, y por eso termina su discurso con altas dosis de ironía:

Además... ¿nadie piensa en los piratas?

Conferencia: Radeon HD 2900 y generación de geometría

Esta semana tuve la oportunidad de asistir a una pequeña charla impartida por Michael Dogget, ingeniero de ATi, acerca del diseño de la tarjeta gráfica Radeon HD 2900 y la generación de geometría 3D, cortesía del Departamento de Electrónica y Computación de la Universidad de Santiago de Compostela.

Michael inició su charla con una breve introducción al mundo 3D, tan breve que como no tuvieses algún conocimiento previo quedabas como estabas. Nos explicó que las tarjetas gráficas estaban centradas en renderizar triángulos. Que cada triángulo está definido por tres vértices y en cada vértice, aparte de sus coordenadas, se almacenan datos como el color de vértice, las coordenadas de textura, el vector normal y otros atributos personalizables.

Definió términos como rasterization (operación de dibujo de cada polígono-triángulo en pantalla) y pixel processing (o procesado de píxeles, que incluyen operaciones de iluminación, texturización y añadir detalles más complejos). Finalmente, terminó la introducción insistiendo en que la texturización es la manera más sencilla de añadir detalles a una escena 3D.

A continuación, venía el tema principal de la charla, la Radeon 2900, que si no entendí mal es la última generación de tarjetas gráficas de ATi. Básicamente, el objetivo de los ingenieros era combinar lo mejor de las GPUs existentes:
  • De la serie R5xx, es decir, la línea de procesadores gráficos para ordenadores, se tomaron las siguientes características:
    • Soporte para cientos de hilos.
    • Vec4+1 vertex y Vec3+1 pixel shaders.
    • Bus de memoria en anillo (ringbus memory).
  • De la GPU de la Xbox 360:
    • Shaders unificados: es decir, un mismo hardware preparado para hacer operaciones de vértices y de píxeles indistintamente.
    • Caché de nivel 1 unificada.
    • 1 tesellator: creo que esta unidad trabaja con las texturas, pero no sé exactamente qué hace.
Uno de los requisitos que se imponen los ingenieros de ATi es crear chips que sean lo más escalables posibles. De esta manera, pueden crear una amplia familia de procesadores gráficos basados en el mismo diseño y establecer gamas alta, media y baja (cada una con su nicho de mercado). Porque a pesar del exorbitante precio de las tarjetas de gama alta, donde de verdad hace dinero ATi es con la gama media y baja, que compra casi todo el mundo.

A continuación, Michael nos mostró un diseño esquemático del chip de la Radeon 2900, y lo primero que llama la atención (aparte de su extrema complejidad) es la multitud de memorias caché que hay en su interior, cada una especializada en una etapa específica del procesado de imagen 3D.

En la primera etapa de procesado, una serie de procesadores establece la carga de trabajo entre los shaders, decidiendo qué operaciones se van a ejecutar en los hilos de la GPU. La política por defecto favorece en caso de duda las operaciones de píxeles, pero si no entendí mal esto puede cambiarse.

El corazón del procesador contiene 4 unidades SIMD, donde cada una ejecuta una instrucción de tipo VLIW (instrucción de gran tamaño) en paralelo con las demás. Cada unidad descompone la instrucción en instrucciones más pequeñas. A destacar que el hardware está especialmente orientado a operaciones enteras y de tipo MAD (multiplicación y suma). En cuanto a números en coma flotante, me sorprendió saber que no cumplen con la totalidad del estándar IEEE 32.

Las últimas etapas de procesador se encargan de la texturización y filtrado de texturas, aplicación de transparencias y recorte de la escena 3D (es decir, decidir qué triángulos de la escena serán renderizados). Todo el esquema está rodeado por un bus de memoria de doble anillo, con 512 bits de anchura para lectura/escritura. Y en relación a esto, me pareció entender que el encapsulado del chip llevaba dos capas de pines (!!).

La última parte de la charla estaba dedicada a Direct3D 10, la última API de Microsoft para acceder a las funcionalidades 3D. Nos hizo un resumen rápido, del que quizás lo más destacable era el nuevo modelo de memoria unificada así como el soporte a geometry shaders (que aún no termino de entender para qué sirven exactamente, pero parece que permiten cosas tan interesantes como el per-pixel displacement mapping).

Por último, Michael Dogget terminó hablando del futuro de los desarrollos de ATi. Entre las motivaciones de ATi están mejorar la programabilidad y reducir el tamaño mientras se mantiene el rendimiento. También pretenden aumentar la precisión del chip para cálculos en coma flotante (acercándose en lo posible al IEEE) para la computación científica. Este tema interesa a ATi en tanto que la física se está convirtiendo en uno de los caballos de batalla dentro de los videojuegos.

Para terminar, Michael accedió a contestar a unas preguntas. Cómo no, se le preguntó sobre la reciente adquisición de ATi por parte de AMD. La pretensión de ambas compañías es construir una CPU y una GPU en un único chip, lo cual podría suponer un nuevo boom en el mundo de los portátiles.

En un entorno universitario, tampoco podía faltar la pregunta sobre la apertura de los drivers. Aunque ATi es reacia a abrir su hardware para protegerse de problemas con patentes, Michael Dogget cree que de todas maneras es el camino correcto.

NOTA: Corregido error semántico.

No hay twinkie para ti

El diseño de videojuegos ha avanzado en los últimos años. Siendo una disciplina joven, afortunadamente son cada vez más los estudios y libros que aparecen respecto a este tema. Con todo, aprender diseño de videojuegos es una experiencia bastante autodidacta, en el sentido de que son pocos los cursos que se dedican completamente a su enseñanza (cuando al menos, se dedican en parte).

Para comprobar los avances en diseño, basta con comparar un juego de hace un par de décadas con uno que haya salido hace poco. No se trata sólo de las mejoras sustanciales en cuanto a gráficos y sonido, coherentes con el aumento de velocidad de procesamiento del hardware que irremediablemente va asociado al ocio electrónico-interactivo. Se trata de una evolución en el propio núcleo de la jugabilidad, de las reglas y mecánicas a lo largo del tiempo, que convierten la experiencia de jugar a un videojuego en algo divertido e interesante, lejos de frustante y aborrecible. Los videojuegos de hoy en día son mejores que los de ayer (¿o no?).

Todavía queda mucho camino por recorrer. A pesar de tantos y tantos juegos pensados por tantos y tantos diseñadores, aún persisten algunas malas prácticas, algunos fallos de diseño que, a pesar de su gravedad, son más comunes de lo que deberían. Son como tics nerviosos de diseño, que de vez en cuando aparecen incluso en tu juego favorito. Ernest Addams lleva 8 años recopilándolos en su columna Bad Game Designer, No Twinkie!, ayudado por sus fieles lectores.

Esa columna es una cita anual con los errores más flagrantes que se pueden encontrar incluso en los mejores videojuegos de la actualidad. Algunas de las reseñas que realiza Ernest son bastante acertadas, como las referentes a los puzles excesivamente complejos o absurdos que aparecen en algunas aventuras gráficas o la imposibilidad de poder pausar los juegos en cualquier momento.

Otros artículos hacen referencia a los juegos de aventura/exploración donde los protagonistas son capaces de arrastrar contra toda lógica enormes bloques de piedra a través del escenario, o a los juegos de rol donde los enemigos que el jugador combate en abusivos encuentros aleatorios llevan encima objetos de lo más extravagante en su inventario que ni siquiera usan o cuando los usan, luego no se pueden recoger.

Ernest Addams no se centra sólo en errores de mecánica y también dedica unas palabras a los malos manuales/tutoriales y a los fallos de localización o traducción, que muchas veces no son responsabilidad del diseñador, si no que más bien se suelen deber a dejadez o falta de tiempo. No por ello dejan de ser errores que deberían ser evitados.

Por último, algunos muestran un punto de vista más que discutible. Que no se pueda guardar en cualquier momento es una característica que, diseñada convenientemente en un juego, consigue crear una tensión difícil de reproducir de otro modo. Las explosiones limpias, sin apenas escombros, no son sólo una limitación técnica, es que no merece la pena tampoco programar una explosión realista.

En resumen, una serie de artículos que merecen la pena ser leídos y valorados, aunque sólo sea para pasar un buen rato. Para los que quieran llegar más allá, esta recopilación de antipatrones debería ser útil para aquellos que no quieran tropezar dos veces en la misma piedra. Quedo a la espera de una nueva edición de Bad Game Designer, No Twinkie!

Edge nº 16

Faith, la heroína de Mirror's Edge protagoniza la portada del número 16 de la revista Edge, correspondiente al pasado mes de agosto. El paralelismo entre este juego y Fracture va más allá de ser el centro de atención de la revista inglesa en estos últimos meses, ambos juegos pretenden llevar el género de los shooters en primera persona más allá. Buenas noticias, pues, para los amantes de los FPS, que ven cómo su género favorito sigue en alza.

¿Y qué tiene Mirror's Edge (título provisional) de innovador? Pues algo que no tienen muchos otros FPS: tiene cuerpo. Concretamente, tiene tu cuerpo. Bueno, el de tu avatar. Si el invento de DICE funciona, podría marcar el fin de la interfaz cámara-con-brazos con la que se han identificado muchos shooters desde los tiempos de Wolfestein. Mirror's Edge utiliza el parkour como centro de su mecánica, y el cuerpo de tu avatar sirve de guía (o interfaz, si quieres) para realizar ágiles acrobacias por las azoteas de una ciudad utópica y, por ello, decadente.

Queda aún mucho camino por recorrer en DICE para que los jugadores puedan experimentar la sensación de llevar a Faith, de ser Faith. Aún así, los miembros del estudio de desarrollo sueco se muestran muy ilusionados en sus declaraciones a lo largo del artículo que Edge les dedica, y espero que esa ilusión se traduzca en algo de verdad revolucionario.

Pasemos ahora a la otra gran baza de este número de Edge: un reportaje sobre Final Fantasy, con entrevista de regalo a Tetsuya Nomura, diseñador de los personajes de varios juegos de Square-Enix desde 1990 (reconoceréis sus diseños por sus extravagantes e imposibles ropajes, sobrecargados de cremalleras y demás abalorios).

Quizás seis páginas sean insuficientes para resumir la historia de toda una saga que empezó su andadura hace 20 años. Buen reportaje, de todas maneras, que no oculta la preocupación de los que crecimos bajo la apagada luz de los reactores de Mako para luego vivir la lucha de un héroe y sus amigos contra una entidad cósmica cuya maldad hacía palidecer a los directivos más rastreros de Shinra Corp. La preocupación, digo, con la que Square-Enix está explotando su franquicia con la próxima llegada de una vorágine de títulos con el sobrenombre Final Fantasy pegado sin ton ni son. Final Fantasy, que otrora era sinónimo de calidad, prestigio, cuidado, mimo y savoir faire, ha perdido, al menos para mí, ese halo de pureza y grandeza que me estremecía cada vez que se anunciaba un título de esta saga ahora denostada.

Afortunadamente, no todo es oscuridad en la compañía nipona. Subarashiki Kono Sekai, o It's a Wonderful World, es un nuevo action RPG para Nintendo DS del que Edge da cuenta en una pequeña preview. Aunque la estética "hip-hopera" y la temática algo macabra no son de mi agrado, este juego ha llamado la atención por sus combates, que se despliegan en las dos pantallas de la portátil mimada de Nintendo, ofreciendo simultáneamente una doble perspectiva que sería casi imposible en otras consolas.

La zona retro de la revista está dedicada a la segunda parte de Space Channel 5, un juego que, por su particular estilo y rareza, parece hecho para mí :D. Sin embargo, siempre me he quedado con las ganas de probar este juego, pero por lo que se comenta en el artículo su distribución en Europa (al menos, la versión para PS2) ha sido algo escasa. ¿Encontraré alguna copia en ebay a un precio razonable?

Para terminar de comentar la revista, y finiquitar esta entrada que ya me queda larga, hago mención especial del artículo dedicado al Sonic perdido: Sonic X-treme. Este fallido proyecto, nacido bajo las discrepancias de Sega América y Sega Japón, es aún objeto de interés para algunos fans del erizo azul (entre ellos, yo mismo :D). Podéis encontrar algunos vídeos del juego en YouTube; si experimentáis durante su visualización algún mareo, no os preocupéis, es completamente normal :P

EDITO: Cambio parcour por parkour, que parece ser la denominación correcta, y enlazo a la Wikipedia.
EDITO: La segunda foto ha recibido un cambio por parte de su dueño/a. Vuelvo a enlazarla.